Una organización bendecida por el rey | Las Germanías

La Guerra de les Germanies duró 4 años desde 1519 a 1523

Fue un levantamiento armado producido durante los primeros años Carlos I de España en el Reino de Valencia

Del castellano ‘hermandad’, de ahí que la designación de los rebeldes como agermanats. Las connotaciones medievales del término coinciden con el sentimiento popular que, en el reino de Castilla y León, mantenían las tradicionales Hermandades, defensoras de los intereses del común.

La prosperidad del Reino de Valencia

Durante la segunda mitad del siglo XV es un hecho destacado que el Reino de Valencia es un territorio próspero:

  • La bonanza de su clima y su situación portuaria abierta al Mediterráneo provocaron un espectacular incremento demográfico y económico.
  • Valencia desbancó a Barcelona como puerto peninsular de cara al Mare Nostrum y se aprovechó, además, de la crisis económica catalana del siglo XV, de manera que, a finales de esa centuria, la capital del Reino doblaba en población a la ciudad condal.
  • La capacidad financiera de Valencia se denota en los continuos préstamos realizados a la Corona.
  • La construcción de los edificios más emblemáticos de la ciudad, como la Lonja, las Atarazanas, el Palau de la Generalitat, las Torres de Serranos y las de Quart, el Micalet, la fundación de la Universidad en 1499, etc.
  • Actividad cultural y literaria de primer orden, como los certámenes poéticos y el establecimiento de una próspera industria impresora de libros.

Sin embargo, existían graves desequilibrios estructurales en la riqueza valenciana, principalmente el desajuste entre ciudad y Reino: la ciudad de Valencia era riquísima, con una clase nobiliaria de extensas fortunas, pero la población del Reino descendía vertiginosamente, provocando el primer factor de ruptura:

  • La crisis agraria, con un encarecimiento progresivo de la producción de grano.
  • Las continuas oleadas de peste.
  • Hay que sumar las violentísimas luchas de bandos entre la aristocracia valenciana, que se habían recrudecido especialmente en los últimos cinco años del reinado de Fernando el Católico.
  • A lo que se unió cierta relajación de las costumbres que derivó en toda clase de inmoralidades públicas y cohechos en las asambleas de representación, como la Generalitat y el Consell.
  • Por último, hay que señalar específicamente, por su tremenda importancia en el desarrollo de las Germanías, las tensiones en el ámbito de la organización gremial del Reino de Valencia, con luchas entre maestros, oficiales y aprendices, de tal forma que la desaparición de Fernando el Católico arrojó todos estos problemas a la realidad.

El ambiente se convirtió en un polvorín y acabó explotando

Las Germanías comenzaron a gestarse durante el verano de 1519, en que Valencia vivió un momento álgido en el que todos los desequilibrios se pusieron sobre la palestra.

En principio, la ciudad era presa de un rebrote de peste que tuvo unas consecuencias inmediatas:

  • La clase nobiliaria, temerosa de padecer otra gran epidemia como la de 1508, se ausentó completamente de la ciudad.
  • El gobierno de Valencia quedó en manos de los jurados municipales, quienes inútilmente podían gestionar los graves problemas que acaecían: pleitos sin resolver, directrices de gobierno, vacío de poder ejecutivo y judicial…
  • A todo ello se unió una importante carestía de alimentos de primera necesidad por un problema habido en las importaciones de trigo.

Otro de los hitos principales del levantamiento, sobre todo en lo que respecta a su vertiente institucional, lo conformó la dilatación efectuada por el nuevo soberano, Carlos I, a reunir Cortes en el Reino de Valencia y jurar los fueros. Al parecer el soberano estaba mucho más ocupado en su carrera por ser nombrado emperador que en los problemas de su pequeño reino peninsular.

Durante los mismos meses comenzaron los contactos entre quienes iban a convertirse en abanderados de la Germanía:

  • El erudito Joan Llorens, verdadero ideológo de los agermanats, y
  • el jurado Guillem Castellví, alias Sorolla.

Llorens hacía saber a su amigo Sorolla su oposición a la actitud del emperador y de las esferas políticas, que no cesaban de actuar en contra de los intereses del común y contra el buen funcionamiento del gobierno.

Y se encendió la mecha

En agosto, un pequeño incidente con ocasión de la condena pública de un sodomita provocó el asalto a la catedral, donde la muchedumbre quería linchar al reo. El gobernador general de Valencia, Luis de Cabanilles, dictó un decreto prohibiendo las asociaciones que actuó de espoleta a todo este tipo de sensibilidades contrarias al gobierno, como las expresadas por Llorens y Sorolla.

Finalmente, en octubre de 1519, Carlos I decidió enviar a Valencia a dos representantes suyos, Pedro Mártir de Anglería y Jerónimo de Cabanilles (hermano del gobernador), para negociar la convocatoria de Cortes. Pero ya era demasiado tarde, porque le revuelta había comenzado. Y, además, de manera totalmente legal.

Durante el mismo verano se habían estado viendo por la costa mediterránea bajeles de piratas moriscos, por lo que Carlos I instó a los ciudadanos a la autodefensa. En Valencia, cada gremio y cada cofradía se organizaron de forma militar, realizando alardes y convirtiéndose en grupos armados.

La cofradía de San Jorge, en la que formaban parte Joan Llorens y Guillem Sorolla, entre otros, fue la que expuso al legado del rey las quejas del pueblo al respecto del contrafuero en que estaba cayendo el monarca al no jurar las leyes del reino. A pesar de las buenas palabras y ante la falta de una respuesta afirmativa, Llorens, se dispuso a actuar.

Una organización bendecida y la Junta de los Trece

Las Germanías habían sido bendecidas por la monarquía como autodefensa de la ciudad de Valencia contra los corsarios musulmanes, de tal forma que la presencia de voluntarios gremiales armados respondía, a la vez, a una necesidad del momento y a la voluntad del rey.

Pero rápidamente Llorens se dispuso a tomar el gobierno de la ciudad, ante la ausencia de otro poder y para acabar con la situación de vacío legal.

En noviembre de 1519, se formó la llamada Junta de los Trece, un organismo superior a las cofradías armadas que ejercería de particular consejo de Estado. Su periodicidad era anual y sus miembros eran todos representantes de los oficios de Valencia:

  • Tejedores (como Guillem Sorolla),
  • Esparteros (Onofre Peris),
  • Pescadores (Joan Gomis),
  • Albañiles (Antoni Garbí)

El componente gremial de las Germanías conforma uno de los puntos de identidad de la revuelta.

A primeros de diciembre, se produjo una reacción aristocrática contra las pretensiones de los agermanats, mediante el envío de una embajada a Carlos I encabezada por algunos notables valencianos, como:

  • Joan de Castellví,
  • Gaspar de Montagut,
  • Pere Corella o
  • Pere Mercader,

La que la presión sometida al monarca hizo posible que se revocase la orden acerca del armamento dado a las cofradías. Pero Llorens y Sorolla anduvieron prestos para renegociar la situación y enviaron una nueva embajada al monarca. Finalmente, Carlos I  envió a su preceptor, Adriano de Utrecht, para que jurase los fueros de Valencia en su nombre, a cambio de mantener intactas las prerrogativas dadas a la Germanía, principalmente la gestión gubernamental absoluta de la Junta de los Trece, confirmada el 31 de enero de 1520.

En el mes de abril la Junta amplió sus prerrogativas hasta hacer de Valencia una ciudad armada y modelada mediante una estricta jerarquía militar. Los agermanats se apresuraron a rescatar un viejo privilegio de Pedro el Grande (concedido en 1278), mediante el cual intentaron controlar el Consell de la ciudad, entrando en competencia con los conselleres en una dura pugna que, finalmente, lograron hacer suyo.

En la primavera de 1520, Valencia era una ciudad regida y gobernada por un núcleo de jurados populares sin ninguna posibilidad de que la nobleza y aun la monarquía (en tanto Carlos I no jurase los fueros) pudieran intervenir.

El conflicto parecía inminente…Continuará.

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