El camino hacia la guerra | Las Germanías

El ejército Realista se prepara para enfrentarse al de los Agermanats

Carlos I se mantiene en el contrafuero e incapaz de gestionar el conflicto nombra virrey a Diego Hurtado de Mendoza que acabará siendo derrotado.

Si no leíste la primera parte de Las Germanías, la situación previa a la guerra, puedes seguir este enlace y enterarte de qué pasó antes del conflicto bélico.

Un virrey para el Reino de Valencia y el enfado de la Junta de los Trece

Antes de partir hacia Alemania, y respondiendo a la constante presión que ejercieron los aristócratas del reino, Carlos I decidió nombrar un virrey en la persona de Diego Hurtado de Mendoza, hermano uno de los principales notables afincados en el reino, el marqués de Cenete.

La recepción efectuada al virrey en mayo de 1520 fue altamente hostil, factor éste que presidió las relaciones entre la Junta de los Trece y Diego Hurtado de Mendoza desde el primer momento. Con motivo de la elección de nuevos jurados, la diferencia de intereses volvió a ser gravísima, puesto que el virrey se negó a aceptar aquellos jurados que fueron elegidos pero que no figuraban en la ceda que él había presentado a la Junta de los Trece.

En el mismo momento, Diego Hurtado de Mendoza recibía las adhesiones de la casi totalidad de la nobleza valenciana, al tiempo que la revuelta estallaba en la ciudad:

  • Los gremios efectuaron alardes de armamento,
  • libertaron a varios presos por asociación ilegal y,
  • finalmente, ante el rumor de que el propio Guillem Sorolla había sido asesinado por la nobleza, se produjo el asalto de diversos palacios nobiliarios.

Palacios como el de los de Mascó de Bas, consejero real, y, principalmente, la casa del propio virrey Mendoza, que tuvo que defenderse por las armas y sólo tras una ardua lucha logró huir hacia Cocentaina.

La situación se complicó por momentos, la guerra parecía inminente. De un lado, el dirigente más moderado de las Germanías, Llorens, se apresuró hábilmente a pedir disculpas por los desmanes cometidos, enfatizando la presencia de extranjeros y vagabundos e intentado descargar de culpabilidad a la Junta de los Trece. De forma paralela, la Junta se puso en contacto con diversos nobles de la ciudad, conminándoles a que regresaran para buscar una salida al conflicto, al tiempo que enviaba una embajada al virrey Mendoza para conseguir que no abandonase el reino.

El 11 de junio, buscando un golpe de efecto a la situación, Carlos I hizo valer el acostumbrado autoritarismo de que haría gala durante todo su gobierno:

  • Profiriendo su disgusto ante la ausencia del virrey.
  • Declaró nula la elección de jurados de mayo de 1520.
  • Se mostró dispuesto a enviar a Valencia un ejército de 3.000 tiradores germanos.
  • Presentó un programa a la Junta de los Trece para que se disolviera de inmediato y frenase la escalada armada del reino.

La postura de los consellers fue la de una frenética actividad legislativa, nombrando diversas comisiones para regular la vida política de la ciudad (sueldos, administración pública, reapertura de la Universidad…) y, de camino, aquilatar la validez de su labor de gobierno, buscando sobre todo el apoyo popular, en espera de que el estamento nobiliario finalmente se aprestaría a negociar.

Durante todo el año 1520 y en los primeros meses de 1521, el gobierno de los agermanats dispuso diversas reformas que abarcaron los ámbitos de la vida de Valencia que estaban más faltos de dirección.

Las reformas promulgadas implicaron nuevos nombramientos en:

  • El Quitament de censales,
  • En la Clavería comuna,
  • En la Taula de Canvis y
  • En los demás órganos de la vida política y económica de la ciudad.

El hito más destacado del gobierno de la Germanía se estableció entre los días 21 y 23 de febrero de 1521, cuando, con los jurados y el Consell formados por mayoría de agermanats, se tomó la decisión de suprimir toda clase de impuestos (regios, del municipio y de la Generalitat) que no hubiesen sido aprobados por la Junta de los Trece.

Todos los frentes abiertos en el camino hacia la guerra

El virrey Mendoza estaba decidido a actuar, a pesar de la tibieza con que sus argumentos eran tratados en la corte de Carlos I. Así, el 25 de agosto de 1521, los jurados de Valencia emitieron una protesta formal ante el rey porque Diego Hurtado de Mendoza había ordenado a todos los nobles del reino que se armasen para intervenir en la ciudad. Pero la reacción popular, como en la anterior ocasión, fue mucho más desproporcionada y violenta, tomando al asalto los palacios del vizconde de Chelva y asesinado a Andreu Durán, el adjunto a la gobernación de Elche.

El virrey aprovechó la ocasión para deshacer las dudas de Carlos I, argumentando también la desobediencia a la corona de los agermanats al haber abolido los impuestos regios días atrás. Aunque la facción moderada de la Junta de los Trece intentó una negociación con el virrey, instando incluso al hermano de éste, el marqués de Cenete, a que mediara en el conflicto y evitara la guerra, finalmente los dirigentes de la Germanía decidieron preparar la guerra.

Las estimaciones objetivas pretendían formar un ejército de 50.000 hombres, que estaría bajo mando del Jurat en Cap de Valencia, Jaume Ros, pero la realidad fue otra bien distinta, ya que únicamente 2.000 soldados hicieron alarde como tropas agermanats en Catarroja durante el mes de junio.

Justo cuando se llevaban a cabo los primeros preparativos, un golpe inesperado influiría en el desarrollo del conflicto: la muerte de Joan Llorens, el ideólogo de las Germanías.

El otro gran problema del ejército de las Germanías era, obviamente, las fuerzas del enemigo, sobre todo en comparación con el mínimo ejército que la Junta había logrado formar para la guerra. El virrey Mendoza logró el apoyo del catalán Luis Oliver de Boteller, que envió una fuerza de 2.000 hombres armados al castillo de Peñíscola, para fortificarlos y convertirlo en el cuartel general de las operaciones del bando realista en el norte del reino, lugar donde se llevaron a cabo las primeras refriegas.

El ejército de las Germanías, al mando de Miguel Estellés, ocupó el castillo de Murviedro el 25 de junio, y después, con tropas reclutadas en Villareal, Onda y Morella, saqueó y tomó el castillo de Alcalá de Chisvert. La acción del ejército realista, una vez asegurada Peñíscola (y con ella, las reservas de grano), fue la de poner el grueso de las tropas bajo mando de Alfonso de Aragón, duque de Segorbe, que reclutó tropas en Onda y se dirigió desde Vall d’Uixó hacia Villarreal y Castellón, que fueron tomadas el 3 de julio de 1521.

Estellés y los agermanats retrocedieron hasta Castellón, pero la hábil maniobra de los militares realista le dejaron en inferioridad para presentar batalla en Oropesa. El día 4 de julio, las Germanías sufrieron su primer gran revés en el campo militar con la derrota de las tropas de Estellés, que fue ahorcado junto a los principales dirigentes agermanats.

La noticia causó un tremendo revuelo en todo el reino, pero, en principio, fue un estímulo positivo para la Junta de los Trece, ya que apelando a la justicia de su lucha, logró reclutar unos 8.000 combatientes, aunque muchos de ellos eran niños e incluso mujeres.

Mientras tanto, el ejército del duque de Segorbe se había instalado en Nules con la intención de tomar Murviedro, el único núcleo agemanat que resistía los embites. Finalmente, el 18 de julio, el duque de Segorbe volvió a derrotar a las tropas rebeldes en Almenara, pues pese a la inferioridad de sus tropas, su dotación de artillería, de caballería (incluidos militares moriscos) y, principalmente, el oficio mililtar mostrado por sus combatientes, se impuso al natural ímpetu de los defensores de la Germanía. Inmediatamente, la Junta de los Trece de Murviedro se disolvió para negociar una salida pacífica a la guerra.

Las campañas del sur y una gran victoria

El fracaso de los agermanats en el norte del Reino de Valencia no arredró a quienes mantenían el espíritu encendido en el sur, donde el movimiento contaba con un apoyo militar y empático muchísimo mayor. Sin embargo, el entramado de las Germanías ya comenzaba a dar muestras de división interna.

Joan Caro, el racional que fuese comandante de las tropas, partió de Catarroja hacia Alcácer y Picasent, se negó a aceptar las disposiciones de sus capitanes, partidarios de asaltar la baronía de Corbera, por lo que sufrió un conato de motín que le obligó a abandonar el mando del ejército agermanat del sur. Su sustituto, para continuar con la guerra, Esteve Urgellés, enfiló las tropas hacia el inexpugnable castillo de Játiva, ciudad que desde los primeros momentos del conflicto se había mantenido leal a las Germanías. El 14 de julio de 1521, después de que un ejército de 4.000 hombres hubiese acosado a la guarnición del castillo, Játiva cayó en manos rebeldes, aunque el éxito de la misión le costó la vida al capitán Urgellés.

Una vez muerto Urgellés, el ejército agermanat del sur estuvo dirigido por una de las figuras más destacadas del conflicto: Vicent Peris, el gran militar rebelde.

A Peris no le quedaba otra salida que intentar expandir la dominación de las Germanías hacia Gandía. Pero el virrey Mendoza, que había tomado el mando personal de las tropas del sur, volvió a concentrarse en la Valldigna con tropas reclutadas en regiones ajenas al conflicto (Villena, Almansa, Requena, además de los mercenarios moriscos).

Finalmente, ambos ejércitos acabaron por encontrarse en Gandía el día 23 de julio de 1521, batalla que finalizó con un rotundo éxito de Peris y los agermanats, quienes pusieron en fuga a las tropas realistas y a todos los grandes nobles (el conde de Oliva, Serafín de Centelles; el conde de Cocentaina, Joan Rois de Corella; el duque de Gandía, Juan de Borja) que habían prestado sus tropas señoriales al servicio del virrey. La guerra aún no había acabado.

La última entrega de Las Germanías llegará pronto…¿cómo acabará la guerra?