Cuando dejó de existir esperanza | Las Germanías

Los realistas se rearmaron en un intento por acabar con un conflicto que se estaba alargando

La represión más dura llegará de la mano dela nueva virreina, Germana de Foix, que no tendrá piedad con los agermanats

La batalla de Orihuela

El virrey Mendoza regresó a la plaza fuerte de Peñíscola vía marítima, a través de Gandía, y se apresuró a solicitar ayuda a diversos nobles castellanos.

Controlada la situación en el norte, donde sólo Murviedro continuaba prestando resistencia, la batalla del sur, después de la victoria de los rebeldes en Gandía, se preveía larga. Sin embargo, y de manera un poco inexplicable, en el mismo momento del triunfo militar más sonoro, las Germanías comenzaron a perder peso específico precisamente en el sitio donde se habían originado, es decir, en la ciudad de Valencia.

La Junta de los Trece, comenzó a contactar con diversos nobles, como:

  • El conde de Oliva, Serafín de Centelles, o
  • El marqués de Cenete, Rodrigo de Mendoza (hermano del virrey).

Este último, finalmente, aceptó el ofrecimiento de la Junta para ser gobernador del reino el 4 de julio.

De esta forma, se dio la paradoja de que mientras Peris y las tropas agermanats preparaban el combate de Gandía, Valencia se esforzaba en desvincularse de las tropelías cometidas por sus tropas y en rendir pleitesía al virrey.

El 30 de julio de 1521, días más tarde de la victoria de Peris, la Junta de los Trece de Valencia dimitía en bloque, dejando el camino abonado para la intervención del virrey y de los nobles en pos de la restitución del orden regio.

La muerte de Peris

A finales del año 1521, únicamente dos ciudades del sur, Játiva y Alcira, continuaban fieles a las Germanías. Bien pertrechados, los agermanats de Alcira obligaron al virrey Mendoza a levantar el asedio en los primeros días de diciembre, dirigiéndose entonces el ejército realista hacia Játiva, que vivió un continuo ataque durante quince días.

A finales de diciembre, el marqués de Cenete, aceptando el papel de mediador que los nuevos jurados de Valencia le habían confiado, decidió interceder en el fin del conflicto, para lo cual viajó hacia Játiva y pactó con el dirigente agermanat, Mosén Agulló, una entrevista en la que quedaba finiquitada la rendición de Játiva. Pero de nuevo el carácter indómito de Vicent Peris irrumpió en escena: cabalgando con 200 hombres desde Onteniente, Peris llegó a Játiva, interrumpió las conversaciones e hizo prisionero al marqués de Cenete.

De forma inmediata comenzaron las negociaciones entre el sector moderado de los agermanats y las tropas realistas para poner en libertad al hermano del virrey, al tiempo que diversos destacamentos iniciaban una durísima represión a los rebeldes de Onteniente. Cuando cayó esta ciudad, el 29 de enero de 1522, fue liberado el marqués.  Ambos personajes, el de Cenete y Peris, se dirigieron hacia Valencia, pues sabían que el destino de la revuelta se iba a jugar en el apoyo que la capital del reino prestase a uno u a otro bando. Peris llegó ante la aclamación popular, pero el marqués de Cenete fue más hábil y logró negociar con los jurados el aislamiento del líder agermanat; las conversaciones entre ambos fueron nulas: don Rodrigo le ofreció un perdón que Peris no quiso aceptar, prefiriendo llevar las consecuencias hasta el final.

El 2 de marzo la casa natal de Peris, situada en la actual avenida de Barón de Cárcer, fue violentamente atacada por unos 3.000 hombres, y ni Peris ni sus escasos leales pudieron hacer nada por evitar su triste destino a pesar de su valiente actitud. El 4 de marzo, Vicent Peris fue descuartizado y su cabeza enviada al virrey Mendoza, que prefirió colgarla en la puerta de San Vicent para escarmiento general de los rebeldes.

Últimos estertores de las Germanías

Pese al fallecimiento del gran líder, todavía coleaban los reductos agermanats de Játiva y Alcira, que permanecieron durante algún tiempo en rebeldía gracias al surgimiento de un mito: el del Rey Encubierto.

En Játiva, días después de la muerte de Peris, un individuo se hizo pasar por el hijo secreto que el príncipe Juan de Aragón y Castilla:

  • Único heredero de los Reyes Católicos,
  • Casado con la archiduquesa de Austria, Margarita de Austria
  • Fue apartado de la sucesión al trono por las oscuras maniobras del cardenal Mendoza (padre del virrey y del marqués de Cenete).

Su actitud mesiánica y los diversos ofrecimientos que realizó a los rebeldes bastaron para mantener encendido el espíritu de las Germanías incluso después de su muerte, ocurrida en Burjassot el 18 de mayo de 1522, ya que al menos otros tres personajes se hicieron pasar por él, en un intento de cohesionar la debilitada moral de los rebeldes.

Durante el verano de 1522, el virrey Mendoza se dedicó a atacar diversos reductos agermanats, como:

  • Algemesía,
  • Albaida,
  • Albocacer,
  • Luchente y
  • Alberic

Derrotando a los rebeldes el 1 de septiembre en la batalla de Bellús.

La resistencia de Játiva y de Alcira aún continuó durante el invierno; para la defección de los dos baluartes agermanats por antonomasía fue decisivo el regreso del emperador Carlos V y su intransigencia ante la rebeldía, demostrando a los asediados cuán lejos estaban los acontecimientos coetáneos de aquella misma orden de benevolencia dictada por el mismo emperador en 1519.

Finalmente, Játiva capituló el 5 de diciembre y Alcira siguió el mismo camino el 7 de diciembre de 1522.

La represión de los agermanats

Además de los dirigentes caídos en diferentes fases bélicas del conflicto se unió la lógica represión posterior a manos de los vencedores.

El final de Guillem Castellví

El mismo día de la rendición de Játiva, y gracias a la declaración del agermanat Onofre Oller, fue localizado, arrastrado públicamente y descuartizado en la capital de La Costera Guillem Castellví, alias Sorolla, uno de los dirigentes más veteranos del movimiento.

El final de Joan Caro no llegó hasta el virreinado de Germana de Foix

Joan Caro fue otro de los que sufrieron persecución. Después de haber sido el financiero de las embajadas de la Germanía, racional de Valencia y comandante de las tropas rebeldes, su vuelta atrás en la última fase del conflicto permitió que el virrey Mendoza le mantuviera en su oficio de racional hasta la extinción del período de vigencia del mismo, es decir, tres años. Finalizada esta etapa, el propio Joan Caro fue consciente de la debilidad de su posición en la corte, por lo que decidió huir hacia Castilla y se refugió en Simancas.

La represión de Germana de Foix

A pesar de que el virrey Mendoza había expedido un perdón general el 21 de octubre de 1521, la llegada en 1523 de la nueva virreina, Germana de Foix, hizo que la represión fuese mayor, ya que el perdón del anterior virrey se había producido en una fase del conflicto anterior y sólo afectaba a la ciudad de Valencia, no al reino en sí.

De esta forma, fueron castigados y perseguidos todos los dirigentes de las Germanías (incluido el propio Caro, apresado por la virreina en 1523 y ajusticiado el 12 de marzo de 1524), todos los colaboradores y todos aquellos que habían financiado la rebelión. La respuesta lógica, la huida masiva, no evitó que fueran ajusticiados o apresados todos los colaboradores del Encubierto, varios miembros de la Junta de los Trece, como Pere Llorens, Francesc Pastor o Joan Tarrega.

Todavía en 1528, una vez fallecida Germana de Foix, en el perdón general había numerosos exceptuados, es decir, antiguos agermanats o colaboradores a quienes no afectaba el citado perdón y que debían rendir cuentas a la justicia. Además, hay que contar con que quienes obtuvieron el perdón de sus vidas, debieron pagar notables cantidades económicas en compensación por los delitos de que se les acusaba, o bien sufrieron la confiscación de sus bienes. Por encima de otras consideraciones, las sumas incautadas a los agermanats sirvieron para que la monarquía pudiese hacer frente a las deudas contraídas con los nobles para financiar las operaciones militares, lo que no hizo sino dos cosas:

  • Perpetuar el orden establecido y
  • Agravar la situación económica del reino.

Significando así la verdadera derrota de los postulados por las Germanías.

La derrota de los agermanados implicó:

  • La definitiva marginación del artesanado de la administración.
  • Un proceso de refeudalización en el campo.
  • El endeudamiento nobiliario.
  • La consolidación del imperialismo de Carlos I.
  • Un total de 12.000 muertos en los campos de batalla junto con la abundante población itinerante o fugitiva.
  • Despoblación de 5.000 casas de moros.
  • Despoblación  1.000 casas de cristianos.

Debieron propiciar un cuadro demográfico en el Reino de Valencia poco brillante.