Ser más valenciano que la horchata

La Horchata

 

Puedes ser más americano que las Harley, más francés que la Créme Brûlée pero no más valenciano que la horchata

 

A los valencianos nos encantan las historietas y, si están relacionadas con el mismísimo Conquistador, ¡ya ni te cuento! ¿Quién no se imagina a Jaime I diciendo: ‘!Açò no és llet, açò és or, chata¡’ hemos escuchado esta leyenda al menos ¡mil veces!, pero…¡la verdadera historia comienza a continuación!.

La cierto es que ni Jaime I puso nombre a esta bebida tan famosa en el Reino de Valencia, ni los valencianos trajimos la chufa a nuestra tierra, sin embargo, hemos sabido cuidar, proteger y potenciar esta bebida refrescante que ahora es nuestra ¡y con denominación de origen! ¡y reconocida a nivel internacional! ¡Ché, si es que lo tenemos todo!

‘Los arqueólogos han descubierto chufas en el interior de sarcófagos y tumbas egipcias de las primeras dinastías.’

La horchata procede de la chufa (¡qué fácil, eso ya lo sabía!), que a su vez, probablemente, tiene dos orígenes: en el antiguo Egipto y en el propio levante de la península Ibérica.

– ¿Cómo es posible? a mí me han contado que la trajeron los árabes – Se creía, erróneamente, que de Egipto se extendió el cultivo por el norte de África y pasó a la península Ibérica con los árabes. Éstos, más o menos en el siglo VIII, trasladaron su cultivo desde la remota región de Sudán (que eso está a fer la mà), hasta tierras de Xarq al-Andalus (lo que en cristiano viene siendo el levante hispánico), pero esta es otra de las fábulas generadas por la falta de rigor crítico en los estudios históricos y, por el «criterio de autoridad» mal entendido que perpetua falsedades¹.

– Entonces, ¿quién trajo la chufa a Valencia? Nadie –. La chufa nació espontáneamente en el territorio valenciano (igual que lo hizo en Egipto), especialmente en los apropiados terrenos de la huerta de Valencia, en la Vega del Túria, antes de que las canalizaciones por medio de acequias pudieran regularizar su cultivo y su consumo. Muy probablemente, la chufa fue hallada por los árabes, igual que antes fue deleitada por íberos, romanos y visigodos. Los árabes, seguramente, potenciaron su cultivo y trasladaron su ciencia y conocimiento a las otras regiones del extenso imperio islámico¹.

La España de los moros estaba enamorada de Valencia, por muchos motivos: el clima de estas latitudes es perfecto para la explotación de la chufa, que les venía genial pues las bebidas no alcohólicas estaban en auge en el mundo musulmán (El Corán prohibe el consumo de bebidas alcohólicas), y con la chufa podían producir la horchata que los volvía locos, ¡como a todo el mundo! Y, además, todas las propiedades medicinales de la chufa, ¡como para no estar enamorados de la terreta¡

Después de la conquista de Valencia por Jaime I, está documentado que se consumía una bebida refrescante denominada llet de chufes, un antecesor de la actual horchata, que aparece en textos del siglo XIII y, en la que se puede comprobar como la tradición del cultivo de chufa, aunque se redujo, nunca se abandonó.

La chufa no se cultiva extensivamente en ninguna otra región del mundo, el tubérculo valenciano (pequeño, sabroso y aromático) no tiene nada que ver con el africano, más grande, menos sabroso y prácticamente sin aroma. La única zona de España, en la actualidad, en la que se cultiva la chufa es la comarca de l’Horta Nord. Un total de 16 municipios en los que el 90% de las chufas tienen denominación de origen, y todos sabemos dónde ir a tomar una horchata fresquita, ¿verdad? ¡Pues claro, a Alboraya!.

 ‘Algunos autores persas y árabes de la antigüedad hablan también de la chufa con los nombres de hab el-zem y hab elaziz un-zalam’

En Alboraya, y en toda Valencia, la horchata se moja con rosquilletas o con pan, al menos esa era la tradición, sin embargo allá por los años 60 apareció el que se convertiría en amigo inseparable, uña y carne, cuerda y pozal de nuestra deliciosa horchata: el fartó.

El fartó, tal y como lo conocemos, fue inventado por la familia Polo. Esta familia se trasladó a Alboraya, tierra de la chufa, y se familiarizó con la costumbre de mojar en la horchata. Un día, ¡hartos de rosquilletas y pan! tuvieron una idea: crearemos una fusión entre la forma de la rosquilleta y la textura del pan.

Y así fue, tras muchas pruebas, consiguieron crear el bollo alargado y glaseado de azúcar que hoy conocemos como el fartó. Tierno y esponjoso ya no podemos pensar en la horchata sin que, necesariamente, sintamos el dulce olor del fartó, ¡Qué rico mare!.

¿Y esos días verano, en los que deshace el asfalto y se te pega la ropa? Aparece la horchatería como un Oasis en medio del desierto, ¡Qué rica, esa horchata fresquita!, – Camarero, una horchata por favor – después de esta frase, que llegue el camarero se hace más largo que un día sin pan, pero ¡llega!. Ya la tienes delante de ti, con el vaso frío y las gotitas que van resbalando por el vidrio. Del primer trago se te va media y ya te estás arrepintiendo porque no te queda para sucar con los fartons. Da igual. –Camarero, otra mediana mixta por favor (somos muy nuestros, ni liquida, ni granizada, ¡mixta!) y a mojar fartons como si no hubiera mañana.

En Valencia, y en el resto del Reino, hay otra costumbre: La merienda. Y es que aquí, la merienda se hace con horchata y fartons ¡recuperemos la merienda! Esa tradición tan nuestra, tan tuya y tan mía, que no quede relegada a ‘ser niño’ o sí, ¡Seamos niños siempre y quedemos con nuestros amigos a merendar!, déjate de ‘brunch(es)’, olvida el ‘afterwork(s)’

¡A merendar se ha dicho!

 

¹La horchata: historia y arte de la chufa valenciana. Recio Alfaro, C. y Palau Marías, J.L.

Leave a Reply